Login
RSS Feed

Generación de mierda.

Los profesores se quejan. Se quejan de que somos unos vagos y unos irresponsables, que nunca se habían encontrado con algo así. Acto seguido, pasan a comunicarnos que más de la mitad de nosotros no ejerceremos de diseñadores gráficos porque, en esta ciudad, hay demasiados disainers por metro cuadrado y, obviamente, sólo trabajan los mejores.

Debo decirles, queridos profesores, que creo que he encontrado el motivo por el cual somos unos vagos y unos irresponsables y es, precisamente, ese recurso que tienen todos de augurarnos un futuro como chefs del McDonald’s y mayordomos de la ciudad, otramente conocidos como barrenderos. Yo comprendo que lo hacen para motivarnos, para hacernos ver que esta actitud nuestra es a lo que nos va a llevar, pero es complicado escucharlo tantas veces al día y no acabar rindiéndote y aceptando que no vas a llegar a nada. Creo que ese no es el mejor consejo que nos pueden dar, teniendo en cuenta que, al menos nosotros, estamos en una universidad superpoblada en la que ya no cabemos. Teniendo en cuenta que somos conscientes de la cantidad de universidades en las que se enseña diseño gráfico, recuerden que un día tuvimos que decidirnos por una. Teniendo en cuenta que somos conscientes de la cantidad de pseudo-diseñadores gráficos que hay, nos rodean en nuestro día a día los rótulos hechos en Word Art.

Y no les estoy quitando razón, está claro que es a lo que nos llevará este peculiar método de trabajo. Tampoco pretendo que nos lo pongan más fácil, simplemente expongo que ese discurso ya no sirve de motivación, supongo que lo hemos oído demasiadas veces en nuestra vida y casi nos hemos resignado a ello.

Catálogo tipográfico.

Trabajo final de tipografía, un catálogo para una supuesta exposición que dirigiríamos (aunque estoy segura que las exposiciones no se dirigen, pero es mi blog y lo escribo como me sale de las narices), así que podía ser del tema que quisiéramos siempre que tuviera que ver con la tipografía (cosa lógica si la piensas un rato. Corto. No hace falta pensar demasiado en ello). El tema que escogí yo (después de un mal rato pensando, lo de escoger tema para trabajos importantes no se me de muy bien) fue la Comic Sans porque empezaba a darme pena tanto odio irracional hacia ella. Y aquí está.

Odisea movilística, tercera parte (y final).

Y cuando parecía que no se iba a solucionar nunca y que nunca iba a tener mi maldito móvil, me llegó un SMS de correos diciendo que al día siguiente tendría en casa un paquete de Vodafone. Podría haber sido una bomba para hacerme callar de una vez, pero resultó ser mi móvil. Encendí el móvil y no iba la conexión de datos, y, cuando ya me había puesto el casco y había cargado la ametralladora, me lo resolvieron desde el foro vodafone y… y ya está! Increíble pero cierto.

Mi cuento ilustrado.

Quiero compartirlo con el mundo porque el pobre ha sido maltratado y ninguneado de una manera bastante cruel y no quiero que se me deprima. Es mi cuento y se merece el mismo amor que todos los demás cuentos del mundo, no nos gusta la gente cuentodejiafóbica.

(todo esto tiene que ver de alguna manera con este post. Acabar haciendo el libro como a mi me daba la santa gana, que, irónicamente, fue lo que alabó del trabajo de los compañeros que pasaron a comentar la nota después de mi, me ha supuesto tener un 5,5 de nota de la asignatura. Me toca los cojones, para qué lo vamos a negar, pero en realidad, estando tan orgullosa y satisfecha con todos los trabajos de esta asignatura, supongo que me da bastante igual. Ahí se coma sus notas con su guarnición preferida.)

Odisea movilística, segunda parte.

Mi aventura de intentar conseguir pasarme a contrato sin ningún tipo de problema sigue en marcha. Después de llamar un domingo y que me hicieran llamar a ochocientos millones de números diferentes (y sin obtener ningún tipo de respuesta, porque al final me sentí vacilada y no llamé a ningún número más), el lunes siguiente llamé al último número que me habían dicho, que era un 902. Me pasé media hora al teléfono (que se traduce en 11€) y, al final, la respuesta que obtuve fue que no tenía permanencia (???) y por eso se me había cancelado el pedido, así que me abrían una incidencia para solucionarlo y que se me mandara el teléfono. Al mismo tiempo me comunicaba con los CM de su Facebook, que me dijeron que si en una semana no sabía nada, volviera a mandarles un mensaje. Efectivamente, en una semana no supe nada, les mandé un mensaje y no dijeron nada, así que volví a llamar pero, esta vez, pasé del 902 y volví al 1704. Allí me comunicaron que pasaban a abrirme una incidencia manual (así que no sé para qué narices me gasté 11€ si ese número es gratis y me hicieron lo mismo) y que, en unas 24-48h tendría el teléfono y que si no era así, que volviera a llamar (el lunes o el martes, me dijo que llamara). Hoy es el lunes. No tengo móvil. He llamado. Me han dicho que están solucionando la incidencia y que cuando esté ya me mandarán el teléfono. Sí?! EN SERIO?! Vaya. En fin. Seguiré informando…

Una semana…

Una semana y se acabaron, al menos hasta octubre, los profesores esquizofrénicos que ya no saben lo que critican de tus trabajos, una semana y se acabó el dormir más bien poco para acabar trabajos y que luego te digan que “es que le has echado pocas horas” (sintiéndote así una desgracia de persona que, por muchas horas que le eche, le van a quedar las cosas mal), una semana y se acabó exprimir la poca creatividad que le queda a estas alturas a tu cerebro y, por otro lado, una semana y acabaré (por fin) las prácticas.

UNA SEMANA.

Odisea movilística.

Para ponernos en situación, comentar que el caso Yoigo no ha acabado bien. De hecho, este lunes me pasé a contrato de Vodafone. Aunque pague tropecientas veces más, al menos mi madre duerme tranquila por las noches, que la pobre ya estaba histérica con el tema. Pero, claro, una persona así de marginada social para las compañías telefónicas como soy yo, no lo va a tener tan fácil para salirse con la suya. Todo parecía normal y correcto, no tuve ningún problema al poner mis datos y me llegó hasta un mail (UN MAIL! Lloré de la emoción y me fui a abrazar a mis padres y a invitar a mis vecinos a una copa de cava, todos lloramos mucho. Fue un momento emotivo para, esta, nuestra comunidad). Ponía el número de pedido en la web y todo parecía correcto. El jueves me llegó el mensaje de que ya era de contrato y ya lo veía, lo tenía, lo había conseguido! Ah, ilusa. Esta mañana he vuelto a mirar el estado del pedido y cual ha sido mi sorpresa a ver “PEDIDO CANCELADO”. Así. Sin anestesia ni nada. He ido a comprobar que fuera de contrato, por si acaso el mensaje lo había soñado y, sí, era de contrato, pero lo de la tarifa de datos se lo habían olvidado. Ante tal caso y ante la imposibilidad de llamarles por teléfono ya que eran las 9 de la mañana y me acababa de despertar (no sería la persona más feliz del mundo cuando tengo sueño, no lo sería), les he mandado un mail, diciéndoles que por qué narices mi pedido estaba cancelado y advirtiéndoles de que se habían olvidado de apuntarse que me tenían que cobrar 15 euros más a fin de mes. Ya pensaba que iban a pasar de mi cara cuando he recibido un mail, diciéndome que lo de los 15 euros ya estaba solucionado pero que para lo del pedido cancelado llamara y preguntara.

POR QUÉ ES MÁS FÁCIL COBRARME ALGO QUE DECIRME QUÉ NARICES PASA CON MI MÓVIL?!?! POR QUÉ TENGO LA SENSACIÓN DE QUE, SI LLAMO, VAN A TENER LA MISMA IDEA ACERCA DE DÓNDE ESTÁ MI POBRE DEFY?!?! Estoy indignada.

El señor de las bibliotecas.

Tengo el placer, el honor y el privilegio de poder estudiar en la escuela de diseño Bau. Placer, honor y privilegio que podría haber conseguido por ser así de guapa, pero que he conseguido por pagar unos preciosos 6000€ cada curso. Pagando esa simbólica cantidad cada año, podríais llegar a la conclusión de que me reciben cada dia unos mayordomos en la puerta que me llevan en brazos hasta la clase y me rebozan en oro los pies sólo por puro placer estético, pero la verdad dista bastante de esos hechos.

Cierto es que tenemos platós de Foto y video (con unos horarios de, con perdón, mierda porque resulta que somos unos incivicos y unos irrespetuosos y no nos pueden dejar todas las horas del día porque lo dejamos todo desordenado y hecho una mierda), cierto es que tenemos muchas aulas repletas de macs, cierto es que (POR FIN!) el WiFi funciona de puta madre y cierto es que en la biblioteca hay muchos muchos recursos que no encontraríamos en otros sitios. Ah, la biblioteca…

Comprendo que todos los bibliotecarios del mundo deben tener como requisíto mínimo ser un poco irritantes y hasta inaguantables en algunos momentos, es una verdad universal que hemos aceptado todos, y hasta comprendo que, normalmente, simplemente tienen que hacer cumplir unas normas que ellos no han decidido. Pero, mira, hay ocasiones en las que me toca la moral que el señor dueño, amo y guardián de la biblioteca haga ciertos comentarios.

Ya he comentado antes que pago bastante dinero al año. Y no he comentado antes que en esa biblioteca hay una impresora laser en blanco y negro. Al señor, dueño y amo de la biblioteca le parece mal que la utilicemos para lo que nos salga de los cojones. Le parece una barbaridad que imprimamos, porque esa impresora está para la biblioteca (???), supone que estamos imprimiendo ahí para no gastar tinta en nuestra casa o, lo que es peor, para tocarle las narices a él. De hecho hace unos días llegaron voces que decían que había quitado los folios de dicha impresora y que ahora debíamos traer nosotros nuestras hojas, también debido a nuestro gran despilfarramiento a lo loco de toner en chorradas.

Supongo que alguien debería comunicarle que todas las personas que venimos a esta universidad pagamos ese maldito toner y que si queremos gastar ochenta millones de toners al día, LOS GASTAMOS, creo que pagamos suficiente como para ellos. GRACIAS.

Yoigo!

Llevo casi tres meses intentando hacer una portabilidad de prepago Vodafone a contrato Yoigo.

El primer intento ya fue fallido porque no teníamos ni idea de que había que presentar un recibo domiciliado. Mi madre preguntó si valía uno a su nombre, porque, es verdad, toda una falta de consideración por mi parte hacia Yoigo no pagar yo las facturas de mi casa. El chico nos contestó que mientras tuviera la misma dirección, perfecto. Así que volvimos con el recibo. Pero, nada, no sirvió… Un día, mi madre, descubrió que lo único que tenía domiciliado era el pago anual del Carnet Jove, y ya pensamos que eso era suficiente. Volvimos otra vez a la tienda (que tampoco es que me quede cerca de casa) y el chico nos dijo que probablemente sí. Introdujo otra vez los datos y, mec, denegada otra vez. Ahí ya mi madre se cansó de tanta tontería y dijo que no, que nos devolvieran el dinero de la fianza de la portabilidad (30€ que, OBVIAMENTE, llevan 3 meses en Yoigo) porque no la íbamos a hacer. Yo no llevaba mi tarjeta así que no nos los pudieron devolver y nos volvimos a casa, pasando antes por otra tienda Yoigo en la que nos dijeron lo mismo. En esa tienda le pregunté que si lo hacía por internet también me iban a pedir el recibo y me dijo que si, que obviamente, que lo tenías que mandar por fax. No me dio la santa gana de hacerle caso, porque con ninguno de los recibos que había llevado habían hecho nada, ni mirarlos siquiera, así que cuando llegué a mi casa, lo probé por internet. Hacía todos los pasos y cuando llegaba al último (que es poner los datos bancarios), me decía que no me podían ofrecer la modalidad de contrato. Así. Porque sí. Sin dar una explicación, como pasaba en la tienda (más tarde descubrí que en la tienda lo que hacen es eso, darte de alta por internet, cosas de la vida). Me puse a buscar y descubrí que era por el bendito scoring, que no es otra cosa que una espécie de análisis de los movimientos de tu cuenta. MEC. Me analizan la cuenta sin avisarme. No me gusta demasiado. Pero, obviamente, si se basan en los movimientos de mi cuenta para saber si les voy a pagar o no, de esa cuenta de la que no tengo ningún maldito recibo domiciliado porque si no (en teoría), ya lo tendríamos solucionado, no me van a permitir hacerme un contrato. Después de ser communitymanagereada en twitter, dónde me dijeron que mandara un mail, y después de mandar ese mail para que me dijeran lo que me dicen en la tienda “Hazlo a nombre de tus padres” (cosa que no me da la santa gana, es MI móvil y tengo una edad como para que sea MI móvil y no tener que depender de mis padres para hacer cualquier cosa con él), volvimos a la tienda y expusimos la solución de ponerme como titular en la cuenta de mis padres y hacerlo todo con esa cuenta (que tampoco me hace mucha gracia porque repito que es MI móvil, pero bueno). El chico se emociona y dice que claro, que es muy buena idea, bla bla bla… Me ponen como titular en la cuenta y hoy hemos vuelto, convencidos de que ahora sí.

Pues no. Resulta que el problema soy YO, que os puedo asegurar que no tengo nada impagado (si apenas salgo de casa, maldita sea!), que es lo que nos ha dicho el chico que puede ser el motivo. Así que no hay motivo. Soy mayor de edad (y, además, en todo el mundo) y no me dejan pasarme a contrato. Me siento maltratada y marginada por una maldita compañía de telefonía móvil a la que quiero dar mi maldito dinero y no puedo. CÓMO SE COME ESO?!

Os puedo decir que de momento el marcador está a favor de no pasarme a Yoigo y quedarme como estoy. Cosa que me da rabia porque soy así de mongoloide y me hacía gracia tener internet en el móvil pagando 8€ al mes.

Oh, final de curso.

Hay alguna otra época en la que tenga menos ganas de hacer algo? Creo que no.

No quiero escanear más dibujos. No quiero tocarles el contraste. No quiero pintarlos. No quiero hacer como que salen de registro. No quiero escribir sobre la Comic Sans. No quiero maquetar. No quiero hacer dos calendarios asquerosos. No quiero acabar un proyecto atrasado. No quiero hacer una guía de Barcelona. No quiero (ni sé qué hacer, en realidad) hacer un maldito libro objeto. MALDITA SEA. DEJADME DORMITAR EN MI CAMA TRANQUILA.